Entre atracones y dietas

Publicado el 26 julio, 2018

Muchas veces las dietas restrictivas pueden llevarnos a realizar un atracón. El nivel energía es bajo, el hambre nos vence y el cerebro utiliza todo su arsenal químico para obligarnos a realizar una gran comida, normalmente nada sana y por la que nos sentimos culpables al terminar.

Pizza familiar

Idealmente esta gran comida formará parte de un plan nutricional estructurado, de una comida trampa planificada. Pero muchas veces sucede espontáneamente como consecuencia de una dieta poco inteligente y demasiado restrictiva, ante la que nuestro cuerpo y su sistema de supervivencia se rebelan forzándonos a buscar alimentos altamente calóricos.

Durante una dieta hipocalórica (es decir, de menos calorías de las que tu cuerpo necesita) estricta habrás advertido como tu rendimiento disminuye y los niveles de energía se reducen. Los músculos tardan más tiempo en recuperarse y lo que antes era rutina se transforma en un reto.

Llegado cierto punto nuestro cuerpo necesitará una comida libre para eliminar algunas de las adaptaciones hormonales negativas vinculadas a los niveles de leptina (una proteína segregada principalmente por las células grasas, aunque otros tejidos como el muscular contribuyen ligeramente), y habitualmente nos servimos para ello de la más poderosa herramienta para ganar calorías: la comida basura.

A veces es posible ingerir más de 2000 calorías en una sola comida, en la forma de una pizza de tamaño familiar rebosante de ingredientes o de comida rápida comparable (hamburguesas, buffet chino, etc.). En condiciones normales con 3 o 4 triángulos de la pizza nos habríamos saciado, sin embargo ahora podemos terminar la pizza familiar en una sola sentada sin sentirnos indispuestos ¿Cómo puede haber este cambio?

El Funcionamiento

La energía juega un papel crítico para la supervivencia y la reproducción, la regulación de la energía corporal por parte del cerebro es muy compleja pero puede dividirse en dos sistemas:

  • Un sistema que regula la ingesta entre dos comidas. Es el sistema de saciedad y se ubica principalmente en el tronco encefálico (particularmente en el tractus solitarius).
  • Un sistema que regula directamente los niveles de grasa corporal. Este es el sistema de energía homeostático, radicado principalmente en el hipotálamo.

Pizza

El sistema homeostático mide el tamaño de tus reservas grasas, fundamentalmente mediante la hormona leptina. Si tus reservas grasas se reducen el sistema actúa para tratar de recuperar la grasa perdida (es la clave por la cual perder peso es tan difícil y a veces desmoralizante). Lo hace reduciendo la cantidad de energía que tu cuerpo gasta, pero sobre todo incrementando el apetito y el ansia por la comida. Potencia sobre todo las ganas de tomar alimentos densos en calorías como la pizza, que son muy efectivos incrementando las reservas corporales.

El sistema de saciedad recibe  señales de tu estómago e intestino delgado que le informan de lo que has comido. Entonces el cerebro conoce la cantidad ingerida y su densidad calórica, así como su contenido en grasa, proteína y carbohidratos. Integra estas señales y reduce gradualmente tu motivación para tomar un nuevo bocado. Esto se acompaña de la sensación de estar lleno.

Estos dos sistemas interactúan, lo más importante es que si tus reservas grasas se agotan tu sistema homeostático indicará a tu sistema de saciedad que sea menos sensible hacia las señales que reciba del tracto digestivo. Esto significa que necesitarás más comida para sentirte lleno, a veces mucha, mucha más. Y esto es exactamente lo que sucede cuando engulles esa pizza. Tus reservas grasas han mermado y tu sistema homeostático lo sabe. Envía una señal a tu sistema de saciedad indicándole que retrase la señal de saciedad para que puedas atiborrarte. Y hace que la comida basura, muy densa en calorías, te seduzca especialmente.

Concurso pizza gigante

Después de una gran comida puedes sentir que tu estómago está lleno, pero en realidad no lo está. El estómago humano posee una notable capacidad para estirarse y acomodar enormes cantidades de comida. La sensación de que tu estómago está a punto de romperse no procede de tu estómago, sino de tu cerebro. Es una señal altamente procesada que tu cerebro produce al interpretar las señales de tu estómago en el contexto de tus reservas energéticas actuales.

El cerebro humano se siente atraído naturalmente hacia los alimentos que proporcionan grandes concentraciones de calorías fácilmente digeribles. Esto se debe a que dichos tipos de alimentos mantuvieron vivos a nuestros ancestros durante millones de años en circunstancias muy duras.

Pero la misma capacidad que nos permite adquirir calorías de manera tan efectiva se convierte en un problema cuando se exagera de manera artificial por la moderna industria alimentaria, que ofrece alimentos siempre disponibles, y en el contexto de una población cuyo estilo de vida es sedentario. Nuestra tecnología alimentaria y nuestros estilos de vida han evolucionado, pero los circuitos mentales que regulan nuestro apetito y preferencias por la comida, no.

Conclusión

Y es por eso que debes limitar las comidas libres de esta clase, e integrarlas dentro de una estrategia nutricional coherente (es decir, una comida o alimento trampa cada cierto tiempo) y una dieta equilibrada y quizás algo más flexible. Porque aunque probablemente nos lleve un poco más de tiempo llegar a nuestros objetivos, estaremos mejor y es más sano, sobre todo para nuestra mente.


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