Ciencia VS Entrenadores VS Deportistas

Publicado el 23 julio, 2018

Como alguien que ha pasado años entrenando a entrenadores alrededor del mundo, la queja más común que he oído de profesionales del fitness, entrenadores de fuerza y entusiastas del ejercicio no es que tengan problema encontrando información sobre este u otro tópico de entrenamiento, la queja viene de que “hay mucha información contradictoria por ahí, y no saben qué creer”.

Las 2 áreas que más he percibido que tienen estos conflictos de información son:

  1. Lo que dicen las evidencias científicas vs lo que dice la experiencia de los entrenadores y monitores.
  2. Lo que recomiendan los atletas sobre nutrición y entrenamiento vs lo que recomiendan los científicos expertos.

En este artículo voy a abordar estas 2 áreas debatidas y a intentar dirigir la discusión sobre ellos a cómo podrían o deberían ser usados para diferentes, aunque complementarios, aspectos de este rompecabezas del entrenamiento y la nutrición. Y, de paso, aclararé algunos mitos y conceptos erróneos asociados al enfoque del entrenamiento y la nutrición basado en la evidencia científica.

¿Los entrenadores están de acuerdo en un 95% y discuten sobre el 5% restante?

Antes de introducirnos en las 2 áreas de debate, quiero abordar 2 frases comunes (falsas) que surgen del corazón de los debates en los que se centra este artículo. La primera es que “los líderes en entrenamiento y nutrición coinciden en un 95% de las opiniones y malgastan el tiempo y la energía discutiendo sobre el 5% restante”. Esta declaración suele ir seguida de una acusación como “esas personas discuten sobre ese 5% porque están luchando por su territorio o por ego”. *por ver quién la tiene más grande*.

Culturista natural

Aunque esta frase pueda sonar bien, y probablemente por esto se repite tanto, la visión sobre estos debates es demostrablemente falsa. Un vistazo a una discusión entre profesionales del fitness y la nutrición o entre entrenadores y monitores del mismo tipo, nos muestra que en lo único que están de acuerdo es: 1) que la gente debería comer mejor y 2) hacer ejercicio regularmente. Fuera de esto, nadie se pone de acuerdo en cómo conseguir estos 2 objetivos, ya que los incontables argumentos que vemos son acerca de qué tipo de ejercicios debería o debería hacer la gente y que tipo de comidas deberían tomar o evitar.

Así que raro es, si es que alguna vez pasa, que éstas discusiones sean sobre territorio o ego. Normalmente es un desacuerdo sincero.

“Con esto podemos comprobar que las personas especializadas en el deporte y nutrición, solo están de acuerdo en un 5% que es la base de todo, y se pasen más tiempo discutiendo acerca del otro 95% en vez de centrarse en que ese 5% se convierta en el 95% y no crear más confusiones en el campo del entrenamiento y la nutrición”.

“Los entrenadores van por delante de la investigación”

Esta frase es una tontería.

Como educador fitness que defiende el escepticismo y la ciencia, y quien desafía los estudios pseudocientíficos y no basadas en la evidencia científica, oír la frase “Los entrenadores van por delante de las investigaciones” hace que me piten los oídos. Esta es la segunda idea problemática con la que muchos entrenadores y monitores tropiezan durante sus discusiones, y es por lo que prefiero tratarla ahora antes de meterme de lleno en el artículo.

Hubo un tiempo en la historia del entrenamiento donde se podía llegar a justificar que entrenar usando un método basado en la ciencia, podía ponerte por detrás detrás en la ganancia respecto a usar otras técnicas más válidas. Pero dada toda la evidencian científica con la que contamos actualmente, ese tiempo llego a su fin. Por lo tanto, esta línea de argumentos, solo aplica a quien tiene conversaciones acerca del entrenamiento de los años ’50, ’60, ’70 o ’90. Dicho esto, podemos evitar tener conversaciones sobre técnicas de entrenamiento y nutrición que ignoren toda la calidad de la evidencia científica que tenemos actualmente. En su lugar, podemos tener conversaciones en las que se aplique todo lo descubierto hasta ahora.

Entrenador fitness

“Actualmente contamos con una base de conocimientos que no tienen nada que ver con lo que había antiguamente. Antes los métodos funcionaban de manera diferente si, pero no a todo el mundo le podría funcionar ya que cada cuerpo es un mundo. Ahora aplicación ciertas evidencias podemos obtener la clave para un entrenamiento optimo adaptado a cada uno de nosotros.”

Actualmente, decir que “tomando un enfoque basado en la ciencia te pone (insertar un año al azar) por detrás” es solo una excusa moderna que los practicantes ponen cuando ellos no tienen suficiente evidencia para conocer aquella “prueba”. Es una táctica mezquina para que tú pienses que necesitas creer lo que ellos reivindican para cobrar su servicio de alta calidad. Seamos sinceros,  si uno realmente tiene una buena evidencia para respaldar sus reclamos, estaría ansioso por proporcionarlo y no tener necesidad de poner más excusas.

La realidad es que, con todo el conocimiento científico sobre el entrenamiento y la nutrición que hemos acumulado hasta la fecha, no hay NADA que los profesionales del fitness necesiten creer a ciegas y que no disponga de suficiente evidencia, para dar un servicio de alto nivel. Tampoco se necesita creer en algo con poca evidencia científica para ser un innovador, ya que las mejores nuevas ideas crecen del conocimiento de nuestro propio cuerpo (esto es, la evidencia acumulada existente, los principios universales del entrenamiento); no del rechazo del mismo ni de la ignorancia.

Evidencia científica vs entrenadores

Con lo dicho arriba, aunque la experiencia anecdótica de entrenadores experimentados suela enfrentarse a lo que dice la evidencia científica (como si fueran mutuamente exclusivas), ambas, experiencia práctica e investigación, son excelentes, solo que lo son para contarnos cosas diferentes. De hecho, entrenar clientes y atletas nos ayuda a saber lo que es práctico, pero no necesariamente nos dice qué prácticas son válidas y fiables. Por otra parte, la evidencia científica nos ayuda a saber qué es válido y fiable, pero no necesariamente nos dice qué es lo práctico.

Ahora, el problema radica en el hecho de que muchos entrenadores (erróneamente) piensan que su experiencia anecdótica les da una visión precisa de qué prácticas son válidas y de confianza, que es por lo que solemos escuchar a entrenadores decir cosas como, “Yo investigo al entrenar a mis clientes y atletas – eso es investigación en el mundo real” o “Estoy deseoso porque la ciencia valide lo que he visto funcionar en la práctica”. Por esto también, cada vez que estos entrenadores se ven enfrentados a buena evidencia científica que choca con sus creencias en las prácticas que utilizan, enseguida citan su experiencia “en la práctica” en un intento de 1) desacreditar la evidencia científica y 2) convencer a otros de que sus afirmaciones acerca de sus prácticas son válidas y justificadas.

Estas realidades innegables demuestran el hecho de que simplemente habiendo entrenado a deportistas de alto nivel, o habiendo alcanzado cierto nivel de éxito en el entrenamiento, no significa para nada que todo lo que digas es válido (simplemente porque tú lo afirmes).

Otro hecho es que, los profesionales que gustan de utilizar este tipo de argumentos anecdóticos en un intento de justificar sus afirmaciones, no pueden descartar otras explicaciones alternativas (aunque fueran más probables) como causas de los resultados que han experimentado. Esto recalca el hecho de que las anécdotas sólo nos dicen que alguien ha presenciado un resultado, y que esas afirmaciones son absolutamente incapaces de demostrar la validez de las técnicas o métodos especiales que un profesional ha utilizado, y a los que atribuye las causas del resultado.

En otras palabras, muchos entrenadores sostienen la falsa idea de “lo he visto funcionar”, por lo que mis conclusiones sobre lo que ví deben ser válidas. Sin embargo, el hecho de que profesionales de distintas escuelas de pensamiento afirmen conseguir los mismos tipos de resultados “espectaculares” (desde alivio del dolor hasta mejora del rendimiento), pero después realicen afirmaciones mutuamente contradictorias sobre cómo deberíamos enfocar nuestro entrenamiento y nutrición, revela una profunda realidad psicológica que se burla de todas esas declaraciones basadas en el “funciona en la práctica”. Y esa realidad se llama sesgo de confirmación, que es un filtro a través del cual ves una realidad que encaja con tus expectativas.

El campo de la psicología social nos ha mostrado claramente que nuestras observaciones y creencias no son el resultado de años de análisis objetivo y racional, sino el resultado de años prestando atención a la información que confirmaba dichas creencias, mientras ignorábamos otra información, la que desafiaba nuestras ideas preconcebidas. Existen muchas formas de sesgos de confirmación, como el sesgo hacia la evidencia positiva, que describe nuestra tendencia innata a detectar relaciones (entre dos variables) que realmente no existen, debido a sobrevalorar la evidencia que confirma una hipótesis dada.

Sencillamente, cuando alguien no es consciente de esta realidad o es incapaz de aceptarla, le es muy fácil sobrevalorar las conclusiones que ha extraído de sus experiencias “en la práctica”. Sin embargo, cuando alguien es conocedor de esa realidad, si valora la verdad objetiva, acaba aceptando el hecho de que no es seguro dejarse llevar por intuiciones y observaciones que no han sido ni comprobadas ni examinadas. Lo mejor para nosotros es poner a prueba nuestras experiencias frente a la evidencia científica. Y cuando esas experiencias se ponen a prueba y fallan, hace incluso más probable que la ciencia esté en lo cierto, y que nuestros procesos cognitivos nos hayan llevado a juzgar erróneamente y malinterpretar la evidencia de nuestra propia experiencia. Esos son los procesos cognitivos (innatos a todos los seres humanos) a los que el escepticismo, y los métodos de la ciencia y la estadística, se han estado oponiendo desde sus inicios.

Con todo esto dicho, las ideas (es decir, las hipótesis) preceden a la investigación, obviamente. Nadie lo discute, porque es cómo funciona el proceso científico: La investigación comienza partiendo de una hipótesis previa. La pregunta es: ¿Cómo de válidas son las ideas (las hipótesis) que uno está formulando? Por esto es por lo que la validación objetiva de las ideas (es decir, la verificación o refutación de las hipótesis) va detrás de la investigación… Porque, como se ha demostrado, la evidencia anecdótica es muy poco fiable.

Entrenadora personal

En otras palabras, la investigación sigue a la práctica, pero las prácticas validadas nacen de la investigación. Así que, los entrenadores solo van por delante en el departamento de creación de ideas, pero no en el departamento de validación de las mismas. Es por esto que, hoy en día, algunos entrenadores están a menudo rezagados respecto a la investigación. Porque no son conscientes de la innata falibilidad de la razón y el juicio humanos. Por esto solemos ver a profesionales del fitness y el acondicionamiento -al menos los que son intelectualmente honestos- reciclándose constantemente para adaptar sus creencias y prácticas a la mejor evidencia científica actual; y también por esto, solemos ver a los que rechazan actualizarse, perder sus discusiones y debates una y otra vez.

Atletas de alto nivel VS expertos científicos

Otro área de conflicto son los casos en los que un “experto” científico califica como “broscience” el consejo que ha dado cierto atleta de alto nivel, mientras que la gente que sigue al atleta responde con afirmaciones como “ese investigador o científico no está tan grande ni tan fuerte como el atleta”.

En primer lugar, se supone que deberías mirar los resultados obtenidos por los participantes en los estudios, no la apariencia de los investigadores que recopilaron los datos, ni el aspecto de los que simplemente te cuentan lo que muestran dichos datos. Esto es caer en la falacia ad hominem, que prácticamente significa que tu argumento es una idiotez.

Dicho esto, tal y como pasa con la evidencia anecdótica y la evidencia científica, la información proveniente de atletas de alto nivel y la información proveniente de expertos científicos no son mutuamente exclusivas. Ambas son útiles, pero para diferentes aspectos del rompecabezas del entrenamiento.

Cuando hablo de aspectos emocionales y psicológicos del entrenamiento, me refiero a cosas como la mentalidad necesaria para sacrificar día tras día la mayor parte de tu vida social en pos de tus objetivos deportivos, y para organizar toda tu vida alrededor de cocinas, gimnasios y vestuarios. Cosas como superar los desafíos mentales involucrados en la preparación para competir, la experiencia de competir y demás.

Atleta de alto rendimiento

Ahora bien, es importante entender que la idea de que alguien debe haber alcanzado personalmente cierto nivel de éxito en un determinado deporte para ser considerado una fuente fiable de información técnica (es decir, aspectos intelectuales del entrenamiento) es demostrablemente falsa -no hace falta irse muy lejos para comprobarlo, podemos tomar la NFL como ejemplo. Muchos de los mejores jugadores de la NFL terminan siendo unos terribles entrenadores tras retirarse, mientras que otros, que nunca han jugado profesionalmente al fútbol, han resultado ser unos entrenadores de primera que han ayudado a muchos jugadores a alcanzar su potencial. Esto es porque, donde realmente sobresalen estos entrenadores es en poseer, no solo un profundo conocimiento de los aspectos técnicos y tácticos del juego (es decir, las X’s y las O’s en el fútbol), si no la capacidad de simplificar y comunicar dicho conocimiento a sus jugadores de forma que puedan utilizarlo en su beneficio. Y lo mismo se podría decir de cualquier entrenador de cualquier deporte.

Joder, de todos los entrenadores que tuvo Michael Jordan a lo largo de su carrera, ninguno fué ni la mitad de bueno que él jugando al baloncesto, pero entre todos fueron capaces de ayudarle a alcanzar todo su potencial. Por no hablar de la absurda afirmación de que “uno no está cualificado para entrenar a menos que haya tenido experiencia propia en ese área”. Eso es como decir que los hombres no pueden entrenar eficientemente a las mujeres porque no tienen experiencia en el ciclo menstrual, en ejercitarse estando embarazada, en ser observadas constantemente por los babosos en el gimnasio, etc.

Por supuesto que los hombres pueden entrenar a las mujeres en los aspectos técnicos y tácticos de la programación del ejercicio (los aspectos intelectuales del entrenamiento), pero en cuanto a los aspectos emocionales y psicológicos del entrenamiento y la competición, sí que sería mejor idea que la información proviniera de otra mujer con experiencia propia en ese campo.

Palabras finales sobre el arte y la ciencia del entrenamiento

Quiero dejar claras algunas cosas que creo que guardan relevancia con el tema tratado antes de terminar el artículo. Primero, quiero aclarar que el entrenamiento no es “un arte y una ciencia” como es comúnmente definido, porque el arte y la ciencia no son dos conceptos distintos que avanzan en paralelo y jamás se cruzan. El entrenamiento es el arte de aplicar la ciencia.

Mujer entrenando crossfit

Si las aplicaciones prácticas que estás utilizando no tienen fundamento científico, entonces lo que estás haciendo no está basado en evidencia suficiente para justificar su uso. Y, para un entrenador personal o un entrenador de fuerza, el dinero y tiempo invertidos por clientes y atletas merece algo más que prácticas injustificadas o injustificables.

Segundo, también quiero aclarar que adquirir un enfoque de entrenamiento más basado en la ciencia no significa que tus clientes o atletas no hagan nada a menos que haya una referencia en PubMed que lo respalde – eso es la ridícula falacia del espantapájaros. Como dije en mi libro: Strength Training for Fat Loss:

Por ejemplo, si quieres ser más explosivo, utiliza ejercicios explosivos. Si quieres mejorar tu fuerza, incorpora entrenamiento con cargas altas. Si quieres mejorar tu habilidad rotacional para un deporte con un gran componente rotacional, utiliza una variedad de ejercicios rotacionales a diferentes velocidades y cargas. Ninguna de estas estrategias de programación del ejercicio que acabo de enumerar necesita ser validada específicamente en un estudio, porque todas están basadas en el principio de la especificidad, que dicta que las adaptaciones al entrenamiento son específicas a las demandas que dicho entrenamiento impone sobre el cuerpo.

Por último, quiero decir que no estoy por encima del uso de anécdotas en el entrenamiento. Las uso. Sin embargo, lo que no suelo hacer (ya no) es realizar afirmaciones injustificadas e injustificables sobre esas experiencias. Estuve varios años haciéndolo al comienzo de mi carrera, y me equivoqué en cada una de las veces que lo hice. Y estaré equivocado en cualquier ocasión que se presente en el futuro donde me equivoque y lo vuelva a hacer.

 

Traducción de shreddedbyscience.com por Juan para WikiFit.

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